La vida en sociedad deja expuesta sus circunstancias en los límites de una
superficie que no permite acceder con claridad sobre el suelo que sostiene los
pasos del tiempo, que funda la estabilidad de un presente que absorbe el juicio
común sobre lo que nos toca vivir, que restringe la mirada sobre lo que existe
y que embarga las comprensiones en una tupida niebla que permite la extensión
de autoridades deslocalizadas que cobran la correspondencia de la orden sin un
remitente. Vivimos bajo el signo de una positividad que cae espesa en la
cotidianidad de nuestra actualidad.
La vida en sociedad es el rebote de señales dispersas, orientaciones a
veces sin forma y otras punzantes que cruzan los cuerpos y las cosas,
expresiones de diversas índoles que modulan la experiencia y procesan
circunstancias en la regla y la medida del sentido que alcanza a ser digerido
en el metabolismo de una infatigable reproducción. La vida en la superficie
deja expuesta la vacilación en la recepción de un tiempo plano, con recovecos
subsanados en la sobrevivencia de los días pasados, imágenes de una actualidad huérfana
de la transparencia del soporte que sujeta el horizonte del paisaje que ha sido
nombrado.
La vida en sociedad despista las capas del sedimento de la historia. Las
trayectorias de las vidas individuales y colectivas dan los pasos en una
sustentación que sólo alcanza el calor de las plantas de pies y manos, sin la
profundidad que permita romper los suelos para alcanzar cimientos firmes,
raíces flotantes que no llevan su caliptra a sustratos seguros. Son los
distintos tiempos que resuenan en la misma campanada en un todo que hace
inaudible la distinción entre las distintas tesituras que se solapan las unas
con las otras.
La vida en sociedad sugiere rastros de un pasado esencial, situación
originaria, un comienzo y un destino que orienta la tranquilidad de espíritus
dóciles. Se acorta la distancia en la arbitrariedad que reduce las cronologías,
que junta el pasado al presente en un pliegue que subsume en la ignorancia la
formación de la actualidad. Las huellas andadas son rastros que solo son vistos
desde la distancia donde se signan los pasos que marcan la presencia de lo que
existe.
La vida en sociedad contiene contradicciones sobre la superficie marcada por el peso de la experiencia que trasunta en la comprensión del presente. La vida en sociedad ejerce sus determinaciones múltiples que llegan a impactar sobre el pensamiento y la afectividad en las relaciones sociales. La búsqueda del entendimiento sobre las marcas del pasado se enfrenta a obstáculos que distribuyen los sentidos, las apreciaciones y las direcciones de la mirada que atraviesan la sociedad y su tiempo en la reflexión dispersa. Materias revueltas, horizontes combinados, contornos difuminados en una composición desprolija que sostiene todo como si existiera estable, permanente.
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