La barbarie extiende su brutalidad por caminos sofisticados, entre gentes educadas y complicidades que guardan secretos en rugosidades de una burocracia maldita. Violencia de la bota, del fusil, de la cama electrificada y la sumersión de los cuerpos forzado por manos de ignorantes. Una escena recreada mil veces, en las doce campanadas del presente y en la itinerancia del tiempo. Siempre apuntamos al gorila. Pero en la escena además estaba el médico que ilustraba el límite de la vida para continuar con la tortura al día siguiente, También el cura que tráfico con niños, el abogado que construyo las leyes y el empresario que extendió su propiedad sobre la naturaleza. La barbarie no sólo es la del gorila que aplasta, presiona y asfixia. La barbarie también una corbata, maletín, usa pantalla y cargos públicos. La barbarie es la violencia desatada, es el espanto, es cierto salvajismo bruto de risas tontas, de manos largas, de lumas y fierros; es el pasado de los sicarios transformado en civilización.
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