En
un tiempo en que la memoria no tenía recuerdo
Aparecía
una luna redonda, casi a reventar
Desde
sus sombras cantaba una dulce melodía
A
la que los humanos brindaban un sagrado ritual
Cada
noche, siempre de noche
Prendían
antorchas y acompañaban a la cantora luna redonda
En
el ir hasta las montañas donde cada noche acababa su andar.
Así
pasaban las noches y después los días
Otra
noche y otro día
Y
siempre devotos, los humanos esperaban de día
La
mística experiencia de un cantar nocturno.
Sus
respiros transcurrían por el calendario
Donde
no hay más registro que la experiencia repetida
Por
generaciones enteras dedicadas al embrujo sagrado
Del
que siempre estuvieron aprehendidos.
De
a poco construyeron su entorno, entre paciencia y devoción
Construyeron
hombres, mujeres y niños
Nombraron
árboles, ríos y lo demás
Todo,
Todo
cuidadosamente confeccionado al ritmo de la visitante
Armaron
banquetes con el sacrificio de lo nombrado
Y
felices festejaban cada atardecer.
Hubo
una vez un día en el calendario
Que
un curioso decidió esperar la noche cerca de las montañas
Para
espiar la luna, allí donde acababa su andar
Desde
lejos divisó las antorchas y escucho con atención el sagrado cantar
Esperando
no ser visto siguió a la luna, siempre escuchándola cantar
Nunca
más fue día para aquel curioso
Y
persiguió la luna atravesando otras montañas jamás nombradas
Siempre
de noche, en una sola noche.
Cuando
sus fuerzas lo abandonaban
Se
percató de otro fuego que iluminaba otro valle.
Con
dificultad llegó allí, donde otros hombres, mujeres y niños
Nombraron
otros árboles, ríos y todos los otros demás
Entre
gestos se comunicó y logro saciar el hambre, la sed
Y
después durmió.
En
tres días y tres noches no despertó.
Al
cuarto día despertó en un lugar desconocido
Con
una luz que casi había olvidado.
-Es
todo distinto (pensó)
Las
cosas eran otras cosas y los humanos eran otros humanos
Sorprendido
se concentró en sus rutinas irreconocibles
Y
sin entender lo que hacían emprendió en camino de regreso.
La
misma luna, el mismo cantar y otros objetos
Remecían
el ser real de aquel curioso
Que
caminó largas distancias para reconciliar la calma
Y
recuperar la certeza sobre lo que conocía en lo que ya estaba nombrado
Llegó
donde los suyos
Y
esperando encontrar tranquilidad encontró curiosidad, incertidumbre
Inquieto
comenzó a contar su largo viaje, contó de lo encontrado
Pero
los suyos, que ya eran desconocidos a los ojos del curioso,
Nombraron
sus palabras como heréticas
Y
planificaron su sacrificio para la próxima noche
Cuando
arribara la luna y su cantar
Apareció
otra vez la luna, redonda casi a reventar
Y
comienza su dulce melodía
El
hombre con el dolor de sus entrañas masacradas
Soltó
un quejido que hasta la misma luna cantora enmudeció
Y
desde aquella noche del último día del calendario
La
visitante no cantó más
Ahora
solo se muestra redonda cada catorce días
Ya
no cantará jamás.
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