La letra penetra sobre un cuerpo que sangra. Abre el cuerpo desde el exterior, hundiendo su filo en la carne hasta que la resistencia sede y brota la sangre que entinta la piel del cuerpo herido. La letra trasunta en el cuerpo la marca de la sociedad, inscribe en él la realidad, una escritura espesa que se ramifica sobre el pensamiento dejando cicatrices en un cuerpo dócil, reducido en la barbaridad de la fuerza que sostiene la letra que hiere también el pasado arrojándolo a un premeditado olvido. La escritura inscrita en la realidad restringe el sentido del orden social, remeciendo la historia, irrumpiendo con la violencia en un cuerpo unido y repartido al mismo tiempo, arrojado en fosas, sumergido en el océano, y también inscrito sobre los noveles y heridos cuerpos del futuro.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario