Entre otras muchas cosas, la poética se sostiene en una
materialidad que permite su circulación entre los vericuetos de las sociedades.
Su tránsito es expresión a veces fugaz y otras más permanente entre
comunidades, instituciones y otros seres aislados que caminan por la cornisa de
las relaciones sociales. El destino de un trabajo se extiende al umbral de los
talleres y de ahí queda expuesto a tensiones y jaloneos de una vida común. El
juicio, la clasificación, la valoración, entre otras envestiduras que caen
sobre la obra, se acoplan unas con otras desbordando su interior y quedando
cubierta con una maraña de intereses diversos que caen espesamente sobre la
materialidad. El juicio público desnuda la interfaz de las recepciones múltiples
que extiende las textualidades que gravitan sobre las obras. Distintos tipos de
afrontamientos, desde distintas partes y posiciones son las evidencias que
esgrimen las apropiaciones de los intereses que dinamizan la historicidad del
quehacer. La poética existe en la experiencia social donde aquedan marcadas las
huellas de su trayectoria sobre arenas movedizas que llevan el ritmo de su
vitalidad. Ahí está la política, atravesando los textos, entrando y saliendo
sentidos, refractando bifurcaciones de posibles lecturas, apropiaciones,
renuncias y monumentalizaciones que desbordan la declamación, que marcan los
límites y fugas de su pronunciación.
viernes, 30 de abril de 2021
9. Poétlica
8. Danza
La naturaleza expresa sus fuerzas danzantes, impactan una con otra, se envuelven y explotan sucesivamente. Lo que existe absorbe la energía aun cuando coexistan opuestos aparentemente irreconciliables, bordes lejanos que reposan sus límites apoyados entre sí. La aleatoriedad y el orden, la espontaneidad y la disposición galopan en las mismas ciudades, campos y en la conciencia. Sobre el mismo espacio es posible presenciar las llamaradas del fuego rebelde y gentil, y también la disposición ordenada de la bota y el fusil. Sobre el mismo pavimento que engruesa el sustrato de la civilización humana se enfrentan las fuerzas, se exponen las contradicciones que en sus fricciones van abultando la experiencia colectiva, el caos se extiende hasta que el orden cruje. La estabilidad de juega la vida en los pasos desequilibrados, en el desdén sobre la perfección sostenida artificialmente, sostenida sobre límites que se desbordan y vuelven sobre su eje imprimiéndose en momentos diferenciados.
jueves, 8 de abril de 2021
7. Superficies y sondajes
La vida en sociedad deja expuesta sus circunstancias en los límites de una
superficie que no permite acceder con claridad sobre el suelo que sostiene los
pasos del tiempo, que funda la estabilidad de un presente que absorbe el juicio
común sobre lo que nos toca vivir, que restringe la mirada sobre lo que existe
y que embarga las comprensiones en una tupida niebla que permite la extensión
de autoridades deslocalizadas que cobran la correspondencia de la orden sin un
remitente. Vivimos bajo el signo de una positividad que cae espesa en la
cotidianidad de nuestra actualidad.
La vida en sociedad es el rebote de señales dispersas, orientaciones a
veces sin forma y otras punzantes que cruzan los cuerpos y las cosas,
expresiones de diversas índoles que modulan la experiencia y procesan
circunstancias en la regla y la medida del sentido que alcanza a ser digerido
en el metabolismo de una infatigable reproducción. La vida en la superficie
deja expuesta la vacilación en la recepción de un tiempo plano, con recovecos
subsanados en la sobrevivencia de los días pasados, imágenes de una actualidad huérfana
de la transparencia del soporte que sujeta el horizonte del paisaje que ha sido
nombrado.
La vida en sociedad despista las capas del sedimento de la historia. Las
trayectorias de las vidas individuales y colectivas dan los pasos en una
sustentación que sólo alcanza el calor de las plantas de pies y manos, sin la
profundidad que permita romper los suelos para alcanzar cimientos firmes,
raíces flotantes que no llevan su caliptra a sustratos seguros. Son los
distintos tiempos que resuenan en la misma campanada en un todo que hace
inaudible la distinción entre las distintas tesituras que se solapan las unas
con las otras.
La vida en sociedad sugiere rastros de un pasado esencial, situación
originaria, un comienzo y un destino que orienta la tranquilidad de espíritus
dóciles. Se acorta la distancia en la arbitrariedad que reduce las cronologías,
que junta el pasado al presente en un pliegue que subsume en la ignorancia la
formación de la actualidad. Las huellas andadas son rastros que solo son vistos
desde la distancia donde se signan los pasos que marcan la presencia de lo que
existe.
La vida en sociedad contiene contradicciones sobre la superficie marcada por el peso de la experiencia que trasunta en la comprensión del presente. La vida en sociedad ejerce sus determinaciones múltiples que llegan a impactar sobre el pensamiento y la afectividad en las relaciones sociales. La búsqueda del entendimiento sobre las marcas del pasado se enfrenta a obstáculos que distribuyen los sentidos, las apreciaciones y las direcciones de la mirada que atraviesan la sociedad y su tiempo en la reflexión dispersa. Materias revueltas, horizontes combinados, contornos difuminados en una composición desprolija que sostiene todo como si existiera estable, permanente.
martes, 6 de abril de 2021
6. Barbarie
La barbarie extiende su brutalidad por caminos sofisticados, entre gentes educadas y complicidades que guardan secretos en rugosidades de una burocracia maldita. Violencia de la bota, del fusil, de la cama electrificada y la sumersión de los cuerpos forzado por manos de ignorantes. Una escena recreada mil veces, en las doce campanadas del presente y en la itinerancia del tiempo. Siempre apuntamos al gorila. Pero en la escena además estaba el médico que ilustraba el límite de la vida para continuar con la tortura al día siguiente, También el cura que tráfico con niños, el abogado que construyo las leyes y el empresario que extendió su propiedad sobre la naturaleza. La barbarie no sólo es la del gorila que aplasta, presiona y asfixia. La barbarie también una corbata, maletín, usa pantalla y cargos públicos. La barbarie es la violencia desatada, es el espanto, es cierto salvajismo bruto de risas tontas, de manos largas, de lumas y fierros; es el pasado de los sicarios transformado en civilización.
jueves, 1 de abril de 2021
5. Juan Imbunche
Juan Imbunche se sentaba todas
las tardes en el frontis de su casa que estaba en uno de los ingresos a la
universidad de su ciudad. Su cuerpo reposaba sobre una silla en la que
equilibraba sus dos patas traseras y apoyaba el respaldo en un muro para
resistir la gravedad de la física y de sus años. Echaba grandes bocanadas de
humo mientras sonreía al ver el desfile de la inteligencia golpeándose entre
sus egos, los muros y la naturaleza. Los veía vestir casual, sencillos y en
algunos casos con una marcada sofisticación respecto a los demás. Mientras
echaba otra bocanada se preguntaba dónde guardarán los ternos y las corbatas
que usan cuando llegan a sus casas después de la jornada. Pensaba: quizás son
menos cínicos los ejecutivos de bancos o los de los fondos de pensiones que
ensogan sus cuellos durante la jornada diurna, mientras el trabajo les consume
la vida.
martes, 30 de marzo de 2021
0. Antiguo cantar de la luna
En
un tiempo en que la memoria no tenía recuerdo
Aparecía
una luna redonda, casi a reventar
Desde
sus sombras cantaba una dulce melodía
A
la que los humanos brindaban un sagrado ritual
Cada
noche, siempre de noche
Prendían
antorchas y acompañaban a la cantora luna redonda
En
el ir hasta las montañas donde cada noche acababa su andar.
Así
pasaban las noches y después los días
Otra
noche y otro día
Y
siempre devotos, los humanos esperaban de día
La
mística experiencia de un cantar nocturno.
Sus
respiros transcurrían por el calendario
Donde
no hay más registro que la experiencia repetida
Por
generaciones enteras dedicadas al embrujo sagrado
Del
que siempre estuvieron aprehendidos.
De
a poco construyeron su entorno, entre paciencia y devoción
Construyeron
hombres, mujeres y niños
Nombraron
árboles, ríos y lo demás
Todo,
Todo
cuidadosamente confeccionado al ritmo de la visitante
Armaron
banquetes con el sacrificio de lo nombrado
Y
felices festejaban cada atardecer.
Hubo
una vez un día en el calendario
Que
un curioso decidió esperar la noche cerca de las montañas
Para
espiar la luna, allí donde acababa su andar
Desde
lejos divisó las antorchas y escucho con atención el sagrado cantar
Esperando
no ser visto siguió a la luna, siempre escuchándola cantar
Nunca
más fue día para aquel curioso
Y
persiguió la luna atravesando otras montañas jamás nombradas
Siempre
de noche, en una sola noche.
Cuando
sus fuerzas lo abandonaban
Se
percató de otro fuego que iluminaba otro valle.
Con
dificultad llegó allí, donde otros hombres, mujeres y niños
Nombraron
otros árboles, ríos y todos los otros demás
Entre
gestos se comunicó y logro saciar el hambre, la sed
Y
después durmió.
En
tres días y tres noches no despertó.
Al
cuarto día despertó en un lugar desconocido
Con
una luz que casi había olvidado.
-Es
todo distinto (pensó)
Las
cosas eran otras cosas y los humanos eran otros humanos
Sorprendido
se concentró en sus rutinas irreconocibles
Y
sin entender lo que hacían emprendió en camino de regreso.
La
misma luna, el mismo cantar y otros objetos
Remecían
el ser real de aquel curioso
Que
caminó largas distancias para reconciliar la calma
Y
recuperar la certeza sobre lo que conocía en lo que ya estaba nombrado
Llegó
donde los suyos
Y
esperando encontrar tranquilidad encontró curiosidad, incertidumbre
Inquieto
comenzó a contar su largo viaje, contó de lo encontrado
Pero
los suyos, que ya eran desconocidos a los ojos del curioso,
Nombraron
sus palabras como heréticas
Y
planificaron su sacrificio para la próxima noche
Cuando
arribara la luna y su cantar
Apareció
otra vez la luna, redonda casi a reventar
Y
comienza su dulce melodía
El
hombre con el dolor de sus entrañas masacradas
Soltó
un quejido que hasta la misma luna cantora enmudeció
Y
desde aquella noche del último día del calendario
La
visitante no cantó más
Ahora
solo se muestra redonda cada catorce días
Ya
no cantará jamás.
4. El palo al fuego
El palo al fuego, la piedra al paco.
El
palo al fuego, la piedra al milico.
El
palo al fuego, la piedra al gobierno.
Peñascos
y camotes a los despreciables,
esos
que apuntan sus armas
y
sostienen sus botas sobre el cuerpo del pueblo.
De
sus condecoraciones cuelgan cadáveres
cuerpos
asesinados
ayer
que se extiende al presente
en
una democracia maldita.
Los
custodios en sus cargos
reparten
las migajas, los mandatos
la
mordaza para silenciar la muerte y la tortura.
La
inteligencia se cae a pedazos
los
especialistas se estrellan unos con otros.
Las
mesas de expertos reposan inofensivas en una caja negra,
en
un espacio cerrado
ignorando
la historia en una danza de pistolas largas.
Se
siembra la desconfianza en el fuego,
extinguen
la creatividad en los pasos de la normalización,
intereses
mezquinos,
ilustración
trasnochada.
Grilletes
para un espíritu fugitivo
mientras
las metrallas aún suenan.
La
unidad abstracta opaca la subversión,
la
arroja en un festejo simulado,
en
los triunfos flotantes,
en
la superficie de las contracciones que aún sangran.
El
paco al fuego, el palo al árbol.
El
milico al fuego, el palo al árbol.
El gobierno al fuego, el palo al árbol.